domingo, 30 de junio de 2013

Caracol Gigante Africano en Argentina

El caracol gigante africano, Achatina fulica, es considerado una de las plagas más perjudiciales del mundo.

Esto se debe a su alta resistencia a variables ambientales, a su dieta polífaga y a su alto potencial reproductivo que favorece su dispersión.
Asimismo se deben considerar las posibles pérdidas económicas por la amenaza que esta plaga representa para más de 200 tipos de cultivos y granos almacenados.
Achatina fulica puede desplazar a las poblaciones de caracoles nativos de nuestra región por competir por el mismo hábitat. 
Ciertas características particulares de la especie exótica, tales como su comportamiento voraz, su gran capacidad reproductiva, el crecimiento corporal acelerado y la gran resistencia a condiciones ambientales adversas, le otorgan ventajas sumamente competitivas respecto a los caracoles nativos. 
Además, la ausencia de enemigos naturales propicia su proliferación poblacional.

Esta especie africana puede actuar como huésped de nemátodos del género Angiostrongylus.
Dos especies de este género, A. cantonensis y A. costaricensis se destacan desde el punto de vista sanitario al representar un riesgo para la salud humana. 
El primero de ellos es causante de meningoencefalitis y el segundo es agente causal de angiostrongilosis abdominal. Pueden darse tanto por contacto directo como por contacto de vegetales u otros infectados por las secreciones del caracol.

Es una especie terrestre nativa del este de África, donde se halla ampliamente diseminado. También se encuentra presente en Asia, Oceanía y América. 
Su introducción en el continente americano se inició en Hawai en 1939, a fines de la segunda guerra mundial alcanzó California y fue registrada en Florida a inicios de la década del 70 donde pudo ser erradicada.
En Sudamérica existen antecedentes de su presencia en Ecuador, Colombia, Cuba, Venezuela y está ampliamente distribuido en al menos 23 estados de Brasil. 
La última confirmación del avance de esta plaga en América del Sur aconteció en la República del Paraguay en noviembre de 2012.

En Argentina, durante el mes de junio de 2010 llegaron a la Dirección de Vigilancia y Monitoreo los primeros reportes sobre la presencia de este molusco en la provincia de Misiones.

Son de hábitos nocturnos, ya que se los encuentran con mayor actividad biológica durante la tarde, noche y en las primeras horas de la mañana, siempre que las condiciones climáticas se lo permitan.

El caracol africano es una especie terrestre, cuyos adultos pueden presentar una conchilla de hasta 20 centímetros de longitud y 10 centímetros de ancho.

En los adultos la conchilla es de forma cónica, de color marrón, con bandas longitudinales marrón claras y oscuras.
Es una especie hermafrodita, lo que significa que posee la capacidad de generar óvulos y espermatozoides simultáneamente. Sin embargo, para lograr la fecundación necesita copular con otro individuo de su misma especie (realiza cópulas recíprocas).
Los huevos son depositados en el suelo, las puestas pueden llegar a tener hasta 400 huevos de medio centímetro de diámetro y son de color amarillentos. Durante el año, A. fulica puede realizar hasta 6 posturas.
Los estadios juveniles presentan hábitos gregarios y tienen una alta tasa de crecimiento y su comportamiento es voraz. 
Están activos durante la mayor parte del año, resistiendo altas y bajas temperaturas y pueden vivir, en promedio, hasta 6 años.
Según registros bibliográficos a nivel mundial, el Caracol Gigante Africano se encuentra afectando una amplia diversidad de ambientes, como áreas boscosas naturales e implantadas, áreas agrícolas, urbanas y periurbanas. 
Cabe aclarar que se presenta con mayor frecuencia en ambientes antrópicos, o sea, cerca de viviendas. 
En estos últimos, utiliza diferentes sustratos como refugios. 
Se lo puede observar en paredes, árboles, arbustos, en el suelo y el interior de viviendas. 
En Puerto Iguazú, se los encuentra alimentándose de numerosas especies hortícolas, ornamentales y de la vegetación natural, de excrementos de animales domésticos, hojarascas del suelo, restos orgánicos domiciliarios y hasta de conchillas de ejemplares muertos tanto de especies nativas como de su propia especie.


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Fuente: Sistema Nacional de Vigilancia y Monitoreo de Plagas - SENASA.